Asesoramiento personalizado hecho a medida de cada uno de nuestros clientes

Dora Albor

Dora Albor

Ser peluquera fue una decisión que tomé con poco más de 16 años y que marcó mi vida personal y profesional durante los siguientes años. Desde siempre he sabido que la imagen, la belleza y la autoestima es algo que me gusta trabajar en mi misma y en los demás.
Si hay algo que pueda definirme como profesional de la peluquería es la constancia y la formación continua en los mejores centros de formación. Gracias al trabajo en equipo, la constante atención a las nuevas tendencias y las ganas de aprender conseguimos dar a cada clientes una atención totalmente personalizada, llegando a diferenciarnos por ello.
¿Lo que más me enorgullece?
El abanico de edades y personalidades que visita nuestra peluquería y que se preocupa por su imagen sabiendo que ella puede jugar a su favor para potenciar su autoestima.

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En el camino recorrido, ¿de qué te sientes más orgullosa y qué has echado más de menos?

De lo que me siento más orgullosa es de la evolución que he tenido a lo largo de mi carrera. Desde que he empezado hasta ahora no he abandonado la esencia de mis inicios. Otra cosa de la que me siento orgullosa es de haber mantenido el local abierto día a día.

Lo que más he echado en falta a lo largo de estos años es gente con pasión y amor por la profesión.

Como en cada profesión, hay una proporción de talento y otra de experiencia. En el caso del sector de la imagen, cuál es tu opinión: ¿Una peluquera nace o se hace?

Yo creo que cincuenta / cincuenta. La experiencia se va adquiriendo con el tiempo. Esta es una profesión larga en la que como mínimo se necesitan 5 o 6 años de experiencia. SE podría decir que es una profesión larga de aprender y que mejor, si se empieza joven. Ser talentoso va a depender del trabajo duro del día a día. Solo así se puede aprender.

El talento también es muy importante, pero no tanto como por ejemplo en el caso de un deportista. Para ser una buena peluquera lo más importante es querer, que te guste y hacerlo.

¿Qué hace única a Dora Albor?

Creo que es difícil llamarse a uno mismo único. Pero lo que sí hago, que no sé si los demás trabajan así, es que todo mi trabajo vaya desde el corazón. Siempre trabajo con ese entusiasmo y ganas de asesorar de forma personalizada al cliente para que me salga satisfecho.

El asesoramiento es una parte fundamental en tu modo de trabajo. ¿De dónde nace la inspiración para aconsejar?

La inspiración me nace de las tendencias que hay, pero sobre todo trato de adaptar esas tendencias a la personalidad y carácter del cliente para favorecer el rostro de la persona. Eso sí, nunca disfrazando. Todo está relacionado: los rasgos, la textura del pelo, la facilidad para mantenerlo… El objetivo es que la clienta se sienta identificada con lo que va a llevar y que se sienta cómoda.

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